ELECCIONES EUROPEAS
(J. Gabriel de Mariscal) (DEIA, 3.06.09, p. 5)
La balumba de mítines y los despropósitos que, según los medios, se van desgranando en ellos estos días, explican sobradamente que el ciudadano se refugie en la abstención. Personajes, indocumentados al parecer en lo que a Europa se refiere, se dedican a refrotarnos las corrupciones y mezquindades de los distintos partidos, las excelencias de su propia formación política, los horrores de las demás, la crisis, lo que ha dicho o hecho éste o el otro, y otra serie de impertinencias y vaciedades en lo que al objetivo de la campaña se refiere. Uno se pregunta: y Europa ¿qué? ¿Qué nos importa todo eso cuando se trata de Europa?
Hablando de la unión de Europa, Anthony D. Smith plantea que «lo que ha servido para vincular a las personas individuales en Europa» es «la nación y la identidad nacional». A partir de esta base se pregunta: «¿Se puede defender la idea de un mundo sin naciones o nacionalismo, en el que los estados nacionales someten sus poderes a cierto cuerpo continental u organización planetaria que pueda ser objeto de lealtad y pasión para la mayoría de la gente, como lo es la nación?» Y siguiendo su discurso distingue « dos modelos opuestos de creación de identidades culturales colectivas.» El primero las entiende «como artefactos construidos socialmente, a base de planeamiento e intervención activa. La creación de una identidad cultural europea formaría parte del proceso activo de la construcción de un entramado institucional para una comunidad política europea.». «El segundo modelo contempla las identidades culturales como el precipitado de generaciones de memorias y experiencias asimiladas», que en el caso de Europa « se desarrollaría probablemente en un proceso lento, con inicio, frecuentemente no planeado, aun cuando aspectos determinados pudieran ser objeto de tentativas de planeamiento intencionado.» Aun cuando opuestos en el plano conceptual, no parece que deban considerarse ambos modelos como incompatibles, como mutuamente excluyentes. Partiendo de ambos puntos de vista se puede trabajar para ir creando una identidad europea, que es lo verdaderamente importante, poniendo en juego los elementos materiales, estructurales, jurídicos y culturales que ambos modelos ofrecen. Pues bien, en unas elecciones al Parlamento Europeo parece que lo primero que deberían explicar al pueblo los candidatos es qué debemos entender por ‘ser europeos’. Si es algo real, en qué consiste. Y si no tiene aún realidad perceptible y eficaz, ¿merece la pena crearlo? ¿cómo? ¿qué va ha hacer el grupo que el candidato representa para avanzar en esa tarea?
Parece claro que los europeos dentro de todas nuestras importantes diferencias, tenemos bases culturales comunes. La religión cristiana y los valores del mundo greco-romano, -éste aproximado por el Renacimiento, y aquélla, sacudida por la Reforma (Lutero y el protestantismo en general) y la Contrarreforma (Trento), fecundando, aunque secularizada, la Iluminación, la Revolución Francesa y el Comunismo- son el humus de donde surgen nuestras brillantes Declaraciones de Derechos, con las que a muchos se nos llena de satisfacción el espíritu en todos nuestros numerosos países. Esa raigambre y una forma elegante, respetuosa, liberal e igualitaria de concebir la convivencia es quizá lo principal o lo más visible de nuestra ‘europeidad’. Tampoco hemos de olvidar que forma parte igualmente de nuestro patrimonio común el cúmulo de desavenencias, desencuentros, conflictos y batallas crueles que hemos desencadenado y padecido en perjuicio propio y, a veces, de gran parte de la humanidad. Es una fuente amarga de experiencia y de tremendos traumas que nos configuran y que hemos de tener presentes. No todo es un camino de rosas. Pues, bien, de esto, o de cualquier otra concepción de ‘lo europeo’, ni una palabra de los flamantes candidatos.
El segundo paso, también en el desván de nuestros políticos, es desbrozar ante el ciudadano qué significa Europa para nuestros distintos problemas. Qué trascendencia tiene una Unión Europea en un mundo globalizado. Qué nos aporta a nuestros respectivos países y a nosotros; qué vamos a aportar nosotros y nuestro país. No se trata sólo de los fondos que reciben unos u otros. Se trata de una solidaridad y de una capacidad de acción por encima de los intereses locales de unos entes –los Estados actuales- incapaces de enfrentar por sí solos los retos tremendos de la globalidad. Se trata de formar una unidad en la diversidad que proteja nuestro bienestar, contribuya al bien y a la paz del mundo y haga de nuestras diferencias e identidades varias una aportación decisiva al progreso cultural de toda la humanidad. Europa es fecunda por sus diferencias. Éste es uno de sus valores fundamentales, y lo será si sabemos aplicar las enormes energías que esas diferencias pueden generar.
Por último, qué menos que decir a los ciudadanos qué pinta el Parlamento Europeo en todo esto. Y pinta no poco. Pinta en la práctica totalidad de las políticas que desarrollen la Comisión y el Consejo europeos. Es verdad que debería ser algo más cercano. Todo ello es campo amplio que se ofrece a nuestros políticos para explicarnos en qué pinta tanto ese Parlamento y qué acciones van a desarrollar sus candidaturas para impulsar el acercamiento. Esto supone mucho más que sacar a colación las miserias domésticas, tirarse los trastos a la cabeza en la campaña como si de una plaza de abastos o de comadres de escalera se tratara, y calentar un sillón europeo durante una legislatura, aburridamente por creer que la carrera política está en el interior raquítico del propio Estado. Señores, cúrense de la miopía, porque los ciudadanos del Estado y del resto del ámbito europeo nos merecemos, creo yo, más respeto y actuaciones más significativas y eficaces. Decir que las encuestas prevén una abstención grande y quedarse tan tranquilos sin reflexionar en el por qué de esa actitud para ponerle remedio, es demostración de que a los candidatos les importan una higa las elecciones, el Parlamento europeo y todo lo que se refiere a Europa. Esto es simplemente suicida, porque fuera de Europa nadie del Continente somos nada y hay que decírselo a la gente para que se vaya enterando si no lo supiere ya. Yo votaré. Hay que votar, pero hagan lo posible para no ponérnoslo difícil.
Bilbao, a 29 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario